No hago otra cosa que pensar en ti
Hay momentos en los que hay que matar el tiempo, curiosa expresión, cuando todo el mundo sabe que es el tiempo el que nos mata a nosotros y no al revés. Nos llenamos de tiempo, que no es otra cosa que vida, por eso es injusto pensar que un anciano tiene poca, en realidad tiene más vida que nadie.
Intentaba terminar un café con leche y un libro, Corazón tan blanco. Un libro sin forma, en el mejor sentido de la expresión, sin aristas que nos muestren la dirección, un montón de rodeos sobre la misma cosa (en Rayuela queda más claro todavía), desde las primeras páginas nos están contando lo mismo, visto desde varias perspectivas a la vez, y aun así tenemos la sensación de estar avanzando. Eso es lo que hace a un libro un buen libro (y que me perdone si alguien con verdadero criterio literario lee esto, mi cabeza no da para más y esto son sólo opiniones), que avanzas, que mientras lees te desplazas, frase a frase, hacia esa otra orilla que es dónde estuvo, o está todavía, el escritor.
Intentaba terminar el libro, me quedaban pocas páginas por leer, pero desistí. Hay libros que merecen ser terminados de leer en mejores circunstancias. Un viejo bigotudo, parecía Asterix de anciano, borracho a las doce del mediodía, hablando en voz alta con los camareros, liándola que diríamos en mi barrio, en el que era mi barrio, repitiendo dos veces las frases, Eh! Du, Vixer!, Eh! Du, Vixer!, soltando carcajadas de fumador, satisfecho con sus ocurrencias, Was für'n Laden ist das?, Was für'n Laden ist das?, y yo le miraba de reojo, disimulando, no quería darle a entender que buscaba conversación, y podía verle el enorme anillo violeta que llevaba en la mano derecha. Mezclaba las frases que leía con las que oía, aún escritas en diferentes idiomas las mezclaba, leía a Luisa decir Wo ist dein Chef, eh?, Wo ist dein Chef, eh?, mientras escuchaba a Ranz confesarle su crimen al camarero.
Un libro se puede empezar a leer en casi cualquier situación, tan sólo se requiere de un mínimo de luz, pero acabarlo es otra cosa, sobre todo si es un buen libro, uno de esos con los que avanzas, a uno le interesa llegar siempre en las mejores condiciones al otro lado, cuando empezamos un viaje pensamos en el destino y no en el lugar que dejamos atrás. A nadie le interesa llegar a puerto en brazos de un Asterix borracho, con mal aliento, ganas de gresca y un enorme anillo violeta en la mano derecha. Es por eso que dejé de leer y me concentré en el café con leche.
A mi derecha había un tipo joven con aspecto de haber pasado muy mala noche, bebiendo una cerveza, la última de una serie que comenzó la noche anterior, escribiendo sobre un pedazo de papel con un pulso incontrolable. Ojeras rojas, un cigarrillo tras otro. Bebía tragos muy cortos, cada sorbo de cerveza le debería estar sentando como veneno, pero la costumbre es la costumbre y seguía tragando. Se balanceaba en equilibrio precario sobre un taburete alto, frente a la barra, a mi derecha, adquiriendo poco a poco la imagen de un animal enfermo que se retuerce sobre si mismo. A veces se quedaba mirando a alguien, su expresión era hostíl, decía Pero tú qué haces aquí o Ni te acerques o Mi tesoro, lo decía con la expresión de la cara, no abrió la boca más que para fumar o beber en el rato que compartimos en la barra del bar, y creo que me miró con esa misma expresión a mí también, aunque yo evitaba el contacto no fuera que pensara que quería conversación. Se quedaba ensimismado, se le entreabrían los labios, se le entrecerraban los párpados y cabeceaba bruscamente, perdía el equilibrio, el poco que le quedaba, y se agarraba con la mano a la barra del bar. Reparaba de nuevo en la hoja arrugada que tenía frente a él y reanudaba la escritura, con pulso incontrolable.
Pagué el café y volví andando a casa, con el libro por terminar debajo del brazo, abrigado hasta el cuello porque este junio es el junio más frío que jamás han registrado en Berlín.
Intentaba terminar un café con leche y un libro, Corazón tan blanco. Un libro sin forma, en el mejor sentido de la expresión, sin aristas que nos muestren la dirección, un montón de rodeos sobre la misma cosa (en Rayuela queda más claro todavía), desde las primeras páginas nos están contando lo mismo, visto desde varias perspectivas a la vez, y aun así tenemos la sensación de estar avanzando. Eso es lo que hace a un libro un buen libro (y que me perdone si alguien con verdadero criterio literario lee esto, mi cabeza no da para más y esto son sólo opiniones), que avanzas, que mientras lees te desplazas, frase a frase, hacia esa otra orilla que es dónde estuvo, o está todavía, el escritor.
Intentaba terminar el libro, me quedaban pocas páginas por leer, pero desistí. Hay libros que merecen ser terminados de leer en mejores circunstancias. Un viejo bigotudo, parecía Asterix de anciano, borracho a las doce del mediodía, hablando en voz alta con los camareros, liándola que diríamos en mi barrio, en el que era mi barrio, repitiendo dos veces las frases, Eh! Du, Vixer!, Eh! Du, Vixer!, soltando carcajadas de fumador, satisfecho con sus ocurrencias, Was für'n Laden ist das?, Was für'n Laden ist das?, y yo le miraba de reojo, disimulando, no quería darle a entender que buscaba conversación, y podía verle el enorme anillo violeta que llevaba en la mano derecha. Mezclaba las frases que leía con las que oía, aún escritas en diferentes idiomas las mezclaba, leía a Luisa decir Wo ist dein Chef, eh?, Wo ist dein Chef, eh?, mientras escuchaba a Ranz confesarle su crimen al camarero.
Un libro se puede empezar a leer en casi cualquier situación, tan sólo se requiere de un mínimo de luz, pero acabarlo es otra cosa, sobre todo si es un buen libro, uno de esos con los que avanzas, a uno le interesa llegar siempre en las mejores condiciones al otro lado, cuando empezamos un viaje pensamos en el destino y no en el lugar que dejamos atrás. A nadie le interesa llegar a puerto en brazos de un Asterix borracho, con mal aliento, ganas de gresca y un enorme anillo violeta en la mano derecha. Es por eso que dejé de leer y me concentré en el café con leche.
A mi derecha había un tipo joven con aspecto de haber pasado muy mala noche, bebiendo una cerveza, la última de una serie que comenzó la noche anterior, escribiendo sobre un pedazo de papel con un pulso incontrolable. Ojeras rojas, un cigarrillo tras otro. Bebía tragos muy cortos, cada sorbo de cerveza le debería estar sentando como veneno, pero la costumbre es la costumbre y seguía tragando. Se balanceaba en equilibrio precario sobre un taburete alto, frente a la barra, a mi derecha, adquiriendo poco a poco la imagen de un animal enfermo que se retuerce sobre si mismo. A veces se quedaba mirando a alguien, su expresión era hostíl, decía Pero tú qué haces aquí o Ni te acerques o Mi tesoro, lo decía con la expresión de la cara, no abrió la boca más que para fumar o beber en el rato que compartimos en la barra del bar, y creo que me miró con esa misma expresión a mí también, aunque yo evitaba el contacto no fuera que pensara que quería conversación. Se quedaba ensimismado, se le entreabrían los labios, se le entrecerraban los párpados y cabeceaba bruscamente, perdía el equilibrio, el poco que le quedaba, y se agarraba con la mano a la barra del bar. Reparaba de nuevo en la hoja arrugada que tenía frente a él y reanudaba la escritura, con pulso incontrolable.
Pagué el café y volví andando a casa, con el libro por terminar debajo del brazo, abrigado hasta el cuello porque este junio es el junio más frío que jamás han registrado en Berlín.

6 Comments:
"Quien mata el tiempo no es un asesino, sino un suicida". En algún sitio lo leí y lo suscribo plenamente :)
Asterix en viejo y borracho??
Que bueno!!
Iba a hacer algo por todo el morro, sin consultar ni nada, pero por si las moscas te lo comento.
El asunto consiste en que pensaba escribir una historia sobre tu personaje, James, como haces tú, más o menos, para añadirle más dinamismo al tema. Te parece una buena idea que un tío que no conoces de nada ni verás en tu vida escriba trozos de una historia que has iniciado tú? Yo creo que podría ser interesante...Ya me dirás algo:
p.nalez@gmail.com
Asterix en viejo y borracho??
Que bueno!!
Iba a hacer algo por todo el morro, sin consultar ni nada, pero por si las moscas te lo comento.
El asunto consiste en que pensaba escribir una historia sobre tu personaje, James, como haces tú, más o menos, para añadirle más dinamismo al tema. Te parece una buena idea que un tío que no conoces de nada ni verás en tu vida escriba trozos de una historia que has iniciado tú? Yo creo que podría ser interesante...Ya me dirás algo:
p.nalez@gmail.com
Hola Pere,
Von mir aus, que diría un alemán (un autríaco o suizo ya no estoy tan seguro), es decir, por mí perfecto.
Desde hace semanas que quiero hincarle el diente de nuevo al relato, pero el verano me ha pillado de lleno y las horas que paso delante del ordenador son estrictamente las que dedico a mi trabajo.
Lo dicho, cap problema. Ya me dirás dónde colocas tus textos.
Salut!
Looks nice! Awesome content. Good job guys.
»
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